¿Dónde has estado?


No lo entiendo aún. No sé de dónde vienes, dónde has estado todo este tiempo. ¿Por qué no has llegado antes? ¿Tan ocupado has estado viviendo tu vida que no has tenido tiempo para conocerme antes? Ignoro las respuestas a todas estas preguntas, así como también ignoro a dónde vas, dónde estarás en un futuro, en dos semanas o en dos años. Quién sabe. Tal vez sigas al otro lado de la pantalla, a las tres de la mañana un sábado, porque no tenemos otra cosa que hacer más que mirarnos embobados el uno al otro, a kilómetros de distancia. No es que no podamos tener otro plan, es que no queremos. Buscar una sonrisa con un comentario que tengo que explicarte durante 10 minutos hasta que, por fin, me hago entender, es lo más bonito que me ha pasado nunca, porque, mientras viajo hasta esa sonrisa, me regalas muchas otras porque no me entiendes, nos confundimos, intento explicarlo, fallo, entiendes cualquier otra cosa y ambos reímos porque no tiene sentido.

Es una locura. Todo es una locura. Tal vez no hablemos dentro de dos años, tal vez sí, lo único que me importa es esas cosquillas que siento cuando te miro a los ojos y sé que tú a mí también me estás mirando, aunque no pueda acariciarte. Ese manojo de nervios que fui la primera vez, se ha ido disipando con cada llamada, hasta llegar a no existir. Hasta convertirse en la tranquilidad más absoluta que otorga la comodidad de unos ojos conocidos. Porque ya nos conocemos.

Ojalá y nunca me falte el brillo de tus ojos cuando me miras, aunque sea a través de una pantalla.

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Desgaste


Me atrapaste en el primer orgasmo, no te lo voy a negar. Nunca me había pasado así con nadie, me impactó y nunca se ha desvanecido esa sensación de aquel momento. Apenas nos habíamos visto un par de veces, que si un paseo, un bar, todo normal, nada extraño, mil cosas en común, mil cosas sobre las que discutir. Momentos tontos que seguimos compartiendo, pero nada, jamás, que pase entre nosotros podrá superar la primera vez que nos conocimos mejor. Todo un poco por sorpresa, unos dedos hábiles que me hicieron estremecerme en el coche una tarde a principios de otoño.

Pensé que no te necesitaba. Pensé que no te quería en mi vida, que no me aportabas lo suficiente, yo quería más. Y fui tonta y te dejé escapar.

Te recuperé, me fui;  me alejé y me buscaste; te alejaste y te busqué; nos buscamos, pero no nos encontramos.

Ya me resulta difícil pensar en ti. Ya no sé cómo pensar en ti. Hemos jugado al desgaste y ha ganado el tiempo. Nos ha separado.

Espero recuperarte, no irme; pero me alejaré y me buscarás; te alejarán y te buscaré; nos buscaremos, pero no nos encontraremos.

Missloving


I miss you. I miss your hair.

I miss your voice saying my name

I miss you fingers on my neck

I miss the nights you’ve been here,

And the nights you haven’t.

I miss you coming all wet to meet me because it’s pouring outside, I miss you laying close to me, I miss myself messing with your hair. Have I already said how I badly I miss your hair? Your lips on my back, drawing feelings I’ve never felt before. I miss how I feel when I’m with you, how childlike I laugh when you tickle me and how I plan my revenge on you, but you’re always faster, you grab my wrists and hold me against the bed, then, the game changes and I don’t feel like a child anymore.

I miss you riding me home just to get our first kiss. I miss our first six ours of talking about nothing at all in that bar. I miss us talking about our dogs like there’s no tomorrow, that’s one of the things I most like about you: no matter how much I talk about mine, you’ll always talk more about yours.

I miss your sweet accent when you say you have an “Idee”, is there a sweeter way of saying it? I miss the shivers it gives me each time I hear you saying it.

I miss how hard you try to read something in Spanish, but you’re stuck with some of the sounds, I miss how I repeat the sound to you, but you keep not achieving it, and you say it again and again.

I miss how you feel like home to me, even when you are gone early in the mornings while I stay in bed a little bit more.

I miss you, I can’t deny it, but I won’t tell if you don’t say you miss me first.

This could be ok, maybe I shouldn’t feel it, maybe I should, who knows? What I do know is that, as sad as it could be, it makes as much sense as it does now if you exchange every ‘miss’ with a ‘loved’.

Who would be able to tell the difference? Not me, not now…


Y que por mucho que lo intente no se va, esta angustia se va a quedar aquí. Da igual lo mucho que intente aparentar que ya no está, no se va a ir.

Todos van ahora de que no les importa nada, no les importa nadie, ni lo que sientan, ni siquiera les importa lo que sientan ellos mismos, pero ya te lo digo yo: es mentira. Claro que les importa. Pero lo que se lleva ahora es ser de piedra, ser frío. Si quedas con alguien pero quieres seguir la corriente actual, pues no le preguntes por su vida, total, ¿a ti qué más me da? Luego resulta que sí te importaba, pero te das cuenta cuando no está cerca, cuando la cosa se enfría y te preguntas por qué. Pues yo te lo voy a decir: porque no se trata de aparentar, sino de actuar según lo que tú sientes. Si estás viendo a una persona es porque esta, de una manera u otra, te importa, ya sea para follar o para tomar un café. Lo siento mucho, pero no me creo a las personas que dicen que son capaces de separar lo que sienten de la realidad, que son capaces de aislarse o de no sentir. A todos nos duelen las cosas, todos nos emocionamos. ¿A quién no le ha conmovido nunca una sonrisa, una mirada, un roce?

Pero como estamos aparentando, al final siempre se sabe de qué pie cojea cada uno.

Retrospectiva


​Ya lo he descubierto. He descubierto por qué tus caricias ya o me dan escalofríos. He descubierto por qué tus palabras ya no me conmueven, por qué ya no significan nada. He descubierto por qué tu mirada ya no se cuela en mi alma y me habla, sino que permanece distante y fría. Tal vez fue por avivar la hoguera demasiado. Demasiado pronto, demasiada madera, demasiada intensidad. Ambos nos tiramos a la piscina sin siquiera mirar el agua primero, no valoramos lo fría que podría estar y, aun así nos tiramos. Nadamos, buceamos demasiado profundo, buceamos en lugares de nosotros mismos que ni siquiera nosotros conocíamos del todo. Vi en ti lo que otros no tenían, pero no vi lo que no tenías, pero que otros sí; y me hace falta.

Teníamos hambre de cariño, por eso funcionaba al principio, porque éramos dependientes el uno del otro, nos conformamos con aquello, con unos fines de semana maravillosos bajo las sábanas, comidas y cenas copiosas en las que los dos disfrutábamos como niños, pero le dábamos una importancia muy distinta. Y así nos ha pasado, nos enfocamos en cosas distintas, tenemos distintos objetivos y no sabemos llevarlos por caminos similares, por eso nos diatanciamos.

Si de verdad hubiera habido algo especial, no habríamos sido tan duros el uno con el otro, nos habríamos ayudado en lugar de destruirnos. Habríamos construido algo juntos, aunque no será porque no lo intentamos. Lo intentamos, mucho, casi forzando. Teníamos tantas ganas de que funcionara que acabamos exigiendo demasiado. Así no funciona, no funcionó. Jamás habría funcionado sin calma, sin prisa. La intensidad está muy bien, pero para construir algo sólido hace falta paciencia, hace falta ceder, comprender, caerse, crecer, perdonar, levantarse, apoyarse. Todas estas cosas nos faltaron en los momentos en los que más lo necesitábamos.

En realidad ni si quiera sé por qué le sigo dando vueltas. Tal vez necesito cerrarlo de verdad, no sé cómo.

Según va pasando el tiempo me voy dando cuenta de que cada vez recuerdo más los momentos felices que los tristes, estos los voy guardando poco a poco hasta que de ellos solo quede una lección, una cicatriz apenas perceptible desde fuera.

Brechas


Creo que nunca llegué a escribir sobre ti, sobre cómo nos fue. Creo que eso me está afectando, no me deja avanzar. A veces solo pienso por qué, en qué momento empezó a desmoronarse todo. Creo que fue cuando empecé a sentirme inferior a ti, con todo este asunto del dinero, tú creyendo que con dinero se arregla todo y, yo, que no hace falta gastar para ser feliz o pasar un buen rato con alguien. Esta fue la primera brecha de todas. Más tarde empecé a ver muchas otras, por ejemplo la manera en la que idolatras a uno de tus padres, sin ningún motivo, más que al otro simplemente porque el tiempo que pasas con él es «mejor», o al menos es lo que te hace sentir. Yo no soy nadie para meterme en estos asuntos, pero me duele mucho ver injusticias. Me duele mucho ver que alguien sacrifica tantísimo por ti, día a día, que te lo da todo hecho, joder, pero la menosprecias porque no te puede comprar con dinero o cosas materiales.

En fin, son demasiadas cosas en las que pensar, empezaron siendo muy pequeñas, enanísimas, todas cubiertas con un velo de la estupidez que sientes al principio de una relación, cuando todo es perfecto y no ves las imperfecciones. Cegada por este velo me enamoré de ti, disfruté contigo como hacía mucho tiempo que no lo hacía, me hiciste sentir bien, importante, querida, merecedora de todo aquello. Pero algo cambió, algo se movió dentro de mí y empecé a sentirme diferente contigo, como si se hubiera acabado la magia, como si te hubieras acomodado y no lo intentaras más ni mejor. Me siento triste a veces pensando en todo esto, porque creo que juntos progresamos muchísimo, sobre todo tú, pero yo no soy la niñera ni nadie, mucho menos alguien que quiera cambiarte, el amor no funciona así, sino que hay que querer a los demás tal y como son, jamás cambiar a nadie, nos tenemos que adaptar a ellos y quererles así como sean.

Lo que más me entristece de todo es que no hemos sido capaces de seguir hablando. Sabes que este año empezó con un golpe muy duro para mí, perdí a alguien y aún duele, ahora todo el asunto del Erasmus, que estoy genial, pero no me importaría que me preguntaras que qué tal, no sé, fue tu idea seguir siendo amigos y eso de vernos a pesar de ya no estar juntos. Supongo que eso no funciona con todo el mundo, tal vez tenga que darte algo más de tiempo, tal vez no seas la persona adecuada para mantener una relación de amistad después de todo lo que pasamos, supongo que es demasiado para ti. Aunque, la verdad, tampoco sé si me gustaría tenerte como amigo, no eres alguien que, en ese sentido encaje muy bien conmigo y mi forma de ser, tengo la sensación de que siempre voy a dar yo algo más de mí.

En fin, supongo que tengo que seguir con lo de no dar tanto de mí misma al principio, tomármelo con más calma todo.

Dreamy (?)


I don’t quite know

How to say

How I feel

A veces una no sabe por dónde empezar a escribir. Simplemente no puedes. Las palabras acuden a tu mente, sí, pero se aturullan todas juntas, forman una gran masa horrorosa que no consigues separar. Todas se aglutinan en el mismo sitio, sin dejar espacio alguno por el que empezar a tirar. Nada. Te ahogas en tus propios pensamientos, porque está maraña de letras no te deja pensar, en fin, respirar.

Estos días en los que no respiras se convierten en días oscuros, tanto para ti como para los que te rodean, sobre todo para las personas con las que conviven. Lo notan todo y tanto. A veces solo espero que sentarme a leer o a escuchar música me calme, me inspiré, me sacie en cierto modo hasta que consiga deshacer el nudo, pero cuando llevas tanto tiempo con tu imaginación encarcelada, cuesta no perder la fe.

Me gustaría irme a dormir, aunque solo fueran diez minutos y soñar algo que mereciera la pena escribir, pero, para que eso ocurra, primero tengo que dar con la clave para eliminar todo este jaleo que tengo en la cabeza, ordenarme, vaya.

No creo que llegue muy lejos si no lo hago…

[27 de julio de 2016]

Porque ganar implica seguir temiendo la pérdida


Hoy hace cuatro meses que mi vida cambió. Bueno, no, hoy hace cuatro meses que alguien cambió mi vida. No he podido aún expresar cómo me siento. Desde entonces me he sentido abrumada, no he sabido ordenar mis pensamientos, mis sentimientos, nunca he sabido ordenarlos sin escribirlos. Pero es que esta vez ni siquiera he sido capaz de escribir. Nada. Ni una sola palabra desde enero.
Al principio tuve miedo, no un miedo cualquiera, sino un miedo que me agarraba por la garganta y apenas me dejaba articular palabra sin llorar. Es un miedo al que poco a poco he ido acostumbrándome y he aprendido a burlarlo, aunque él aún hay veces en las que se burla de mí y de mis inseguridades.
Después del miedo llegó la inseguridad: ¿De verdad merezco todo esto?, ¿qué tengo que hacer para merecerlo? Todo parece un borrón, no hay nada claro, no sabía por qué me ocurría a mí algo tan bonito, tan sincero desde el primer momento, ¿de verdad me merezco algo así?
La inseguridad me ayudó a abrirme, a contar los miedos que había tenido y las inseguridades que eso me creó, por tanto, tras la inseguridad llegó la confianza, que, afortunadamente, dura hasta el día de hoy.
Sé que cuatro meses, comparado con la vida de cualquier persona, no es nada de tiempo, es un abrir y cerrar de ojos. Sé que es un punto perdido entre todos los demás puntitos que forman mis recuerdos y mis experiencias, pero, este puntito en particular, brilla mucho, pocos puntos brillan con tanta fuerza en tan poco tiempo como este.
Lo bonito de todo esto es que la confianza que tengo ahora no es permanente, a veces se quiebra y entra un poco de inseguridad, ¿bonito?, ¿en serio? Sí, porque la inseguridad que se abre paso significa que me importa, que tengo miedo a perder todo lo que he conseguido hasta ahora. Tengo miedo a no dar la talla, tengo miedo al fracaso. Y el miedo al fracaso es el peor de todos, sobre todo, cuando te preocupa tanto perder como ganar. Porque ganar, en este caso, implica seguir temiendo la pérdida.

Passing by


¿Acaso vas a perseguirme siempre? ¿No voy a parar de encontrar algo tuyo en todos los demás?
Es agotador, tremendamente agotador. Día tras día, esperas en la sombra y apareces donde menos me lo espero, pero ahí estás. O ni siquiera tú, tu recuerdo, un recuerdo cualquiera, cualquier cosa que yo asociara a ti, ahí está.
Ahora entiendo el por qué de muchas cosas, por qué hay personas a las que les cuesta olvidar algo. Hay veces en las que tu cuerpo y tu mente se aferran tanto a algo o alguien, que interiorizan todo. Hasta la más mínima expresión. Pero va a estar ahí, por pequeño que sea, aunque hayamos dejado atrás otros recuerdos, otros pensamientos. Parece que no puedes evitar que algunos te persigan y te hagan recordarlo tan a menudo que duele.
No voy a pensar que te vas a quedar siempre conmigo, al menos una parte sé que ya se ha ido, quiero pensar que la forma en la que te recuerdo va a ir cambiando, pasando por unas fases, hasta que ya no duela.

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Oh, I wonder if you’d be better roofed without me or would you get lost all in the blue sea