Desgaste


Me atrapaste en el primer orgasmo, no te lo voy a negar. Nunca me había pasado así con nadie, me impactó y nunca se ha desvanecido esa sensación de aquel momento. Apenas nos habíamos visto un par de veces, que si un paseo, un bar, todo normal, nada extraño, mil cosas en común, mil cosas sobre las que discutir. Momentos tontos que seguimos compartiendo, pero nada, jamás, que pase entre nosotros podrá superar la primera vez que nos conocimos mejor. Todo un poco por sorpresa, unos dedos hábiles que me hicieron estremecerme en el coche una tarde a principios de otoño.

Pensé que no te necesitaba. Pensé que no te quería en mi vida, que no me aportabas lo suficiente, yo quería más. Y fui tonta y te dejé escapar.

Te recuperé, me fui;  me alejé y me buscaste; te alejaste y te busqué; nos buscamos, pero no nos encontramos.

Ya me resulta difícil pensar en ti. Ya no sé cómo pensar en ti. Hemos jugado al desgaste y ha ganado el tiempo. Nos ha separado.

Espero recuperarte, no irme; pero me alejaré y me buscarás; te alejarán y te buscaré; nos buscaremos, pero no nos encontraremos.

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