Retrospectiva


​Ya lo he descubierto. He descubierto por qué tus caricias ya o me dan escalofríos. He descubierto por qué tus palabras ya no me conmueven, por qué ya no significan nada. He descubierto por qué tu mirada ya no se cuela en mi alma y me habla, sino que permanece distante y fría. Tal vez fue por avivar la hoguera demasiado. Demasiado pronto, demasiada madera, demasiada intensidad. Ambos nos tiramos a la piscina sin siquiera mirar el agua primero, no valoramos lo fría que podría estar y, aun así nos tiramos. Nadamos, buceamos demasiado profundo, buceamos en lugares de nosotros mismos que ni siquiera nosotros conocíamos del todo. Vi en ti lo que otros no tenían, pero no vi lo que no tenías, pero que otros sí; y me hace falta.

Teníamos hambre de cariño, por eso funcionaba al principio, porque éramos dependientes el uno del otro, nos conformamos con aquello, con unos fines de semana maravillosos bajo las sábanas, comidas y cenas copiosas en las que los dos disfrutábamos como niños, pero le dábamos una importancia muy distinta. Y así nos ha pasado, nos enfocamos en cosas distintas, tenemos distintos objetivos y no sabemos llevarlos por caminos similares, por eso nos diatanciamos.

Si de verdad hubiera habido algo especial, no habríamos sido tan duros el uno con el otro, nos habríamos ayudado en lugar de destruirnos. Habríamos construido algo juntos, aunque no será porque no lo intentamos. Lo intentamos, mucho, casi forzando. Teníamos tantas ganas de que funcionara que acabamos exigiendo demasiado. Así no funciona, no funcionó. Jamás habría funcionado sin calma, sin prisa. La intensidad está muy bien, pero para construir algo sólido hace falta paciencia, hace falta ceder, comprender, caerse, crecer, perdonar, levantarse, apoyarse. Todas estas cosas nos faltaron en los momentos en los que más lo necesitábamos.

En realidad ni si quiera sé por qué le sigo dando vueltas. Tal vez necesito cerrarlo de verdad, no sé cómo.

Según va pasando el tiempo me voy dando cuenta de que cada vez recuerdo más los momentos felices que los tristes, estos los voy guardando poco a poco hasta que de ellos solo quede una lección, una cicatriz apenas perceptible desde fuera.

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